Jueves, 28 Marzo 2019 07:01

Renault Dauphine: un coche con alias tétrico

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“Desde el primer modelo, fue apodado el coche de las viudas, ya que adolecía de control en las curvas, debido al deficiente equilibrio del reparto de peso”

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Una presentación de urgencia de esta “familia” de la dinastía Renault (Dauphine, Ondine, Gordini...) nos vendría a decir que su vida activa comenzaría en 1956 hasta 1968, en el segmento C, de motor trasero, 4 puertas, velocidad 115 km/h, y 4 frenos de tambor. Predecesor del Renault 4 C/V, ya tratado en estas páginas, lo mismo que sus sucesores de la misma marca, esto es, R-8 y R-10, sería presentado en el Salón de Ginebra de 1956, el proyecto que se inició en 1951. En España apareció en 1958 a 1967, en FASA Renault, en Valladolid. Pero en una presentación más “doméstica”, con cara de circunstancias, resulta obligatorio reconocer que desde el primer modelo, de esta familia de origen galo, sería conocido como “el coche de las viudas”, ya que adolecía de pérdida de control en las curvas, debido al deficiente equilibrio del reparto de peso, por lo que en el maletero (en la parte delantera del vehículo) hubo la necesidad de añadirle sacos terreros para así controlar algo más la estabilidad (los vehículos “todo atrás” fueron delicados en curvas y en mojado).

Este propio autor puede dar fe del accidente que sufrió junto a un familiar que lo conducía, en noviembre de 1965, en la carretera de El Garrobo a Gerena, en la provincia de Sevilla, camino de Aznalcóllar (por entonces carretera local de tercera, plagada de curvas cerradas), de donde ambos ocupantes eran oriundos y por entonces tenían allí sus domicilios respectivos. El vehículo en cuestión no era otro que un Dauphine, matriculado en 1962 con la placa SE-62549, de un color gris un tanto “triste”. El conductor perdió el control en una curva dando varias vueltas de campana, quedando el vehículo boca abajo y con las luces encendidas y la antena de la radio intacta. Quien narra salió por sus pies por el parabrisas, peinado y con la corbata derecha, al estilo de “Simón Templar” (Roger Moore) en la serie televisiva de la época “El Santo”; aunque, eso sí, lleno de tierra de las alfombrillas.

A los pocos minutos de estar al borde de la carretera, sin saber qué hacer, en una noche de invierno tan cerrada, aparece una furgoneta DKW, color verde, propiedad de un repartidor de bebidas gaseosas, quién en principio, ante la posición del coche, pensaba que se trataba de un tractor maniobrando la tierra con las luces encendidas, dada la hora. Ante el tintineo de las botellas de vidrio y la dura suspensión del vehículo, junto a los dolores abdominales, el viaje no pudo ser más doloroso. Aquel bendito socorredor trasladó al familiar conductor del Dauphine y a este narrador al médico de la cercana localidad de Gerena, donde le fue diagnosticado al conductor el resultado de dos costillas rotas. Ante las dolencias manifiestas, el atestado de la Guardia Civil quedaría aplazado varios días después, donde el cabo tomador de los datos ofreció cigarrillos “Celtas” (disculpándose por disponer solamente de aquel tabaco tan modesto) para apaciguar el estado emocional, al tener que rememorar de nuevo todo aquel episodio narrado. El familiar propietario del vehículo siniestrado lo sustituyó, antes de que finalizara el año 1965, por el Gordini a estrenar, SE-95876, de color marfil. A los pocos meses del siniestro, tras ser reparado y cambiado su color por un vivo marfil precioso (de moda en esta gama por entonces), sería vendido a otro particular, circulando por la ciudad de Sevilla con total normalidad el Dauphine siniestrado.

Como se termina el papel se termina la crónica, quedando para una próxima ocasión las tribulaciones de sus descendientes.

Francisco Glez. Del Piñal Jurado

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Modificado por última vez en Miércoles, 17 Abril 2019 21:07

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