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Los Motores de Oriente Conquistan Vila-rodona

El pasado 5 de enero, Vila-rodona no se despertó con tradiciones antiguas, sino con el poderoso rugido de los motores de antaño. La "Cabalgata de Clásicos", una operación de precisión liderada por Verónica Campos junto a Pedro García y Joaquín Gómez, transformó la víspera de Reyes en un despliegue de ingeniería, acero y maestría al volante. Bajo la supervisión técnica y organizativa de Verónica Campos, la logística del evento funcionó como un reloj suizo. A las 18:00 h, los alrededores de la Cooperativa vibraban con la expectación de los vecinos. El despliegue lo encabezó Pepo, auténtico guardián del patrimonio motorizado local, quien domó los caballos de su reluciente Seat 124. El icónico modelo español, buque insignia de la comitiva, avanzaba cargado de regalos, demostrando que la mecánica clásica es el verdadero motor de la ilusión en el pueblo.
 
 
El momento de mayor impacto visual ocurrió cuando Sus Majestades hicieron su entrada triunfal sobre auténticas joyas del automovilismo, seleccionadas para proyectar la majestuosidad de la noche: Melchor y Gaspar comandaron la retaguardia desde la imponente caja de la Ford P-100 de Cristóbal. La robusta pick-up, un símbolo de fuerza y fiabilidad, soportó el peso de la realeza con una entereza envidiable, abriéndose paso entre la multitud con la autoridad que solo un vehículo de su calibre posee. Baltasar, por su parte, apostó por la elegancia y el diseño deportivo. Surcó las calles a bordo del Alfa Romeo Spider descapotable de Gerard. El Rey lució su corona al viento mientras Gerard pilotaba esta joya italiana con precisión, convirtiendo el asfalto en una pista de pura distinción mecánica.
 
 
Como en toda gran expedición, la mecánica puso a prueba el temple de los participantes. El Suzuki Samurai de Jesús sufrió un percance técnico que silenció su motor justo antes de la salida. Lejos de rendirse, se vivió un momento de auténtica hermandad: Pepo y Jesús unieron sus fuerzas bajo el capó para intentar revivir al todoterreno. Fue una lección de compañerismo y grasa en las manos que demostró que el espíritu de esta cabalgata reside en la resistencia y el apoyo mutuo.
  
 
Finalmente, la columna de acero alcanzó la Plaza del Ayuntamiento. Allí, los Reyes descendieron de sus monturas de metal para dirigirse al pueblo desde el balcón, cerrando una jornada marcada por el olor a gasolina y el brillo del cromo. Desde Classics Vila-rodona, la organización quiere destacar que el éxito rotundo se debió a la planificación de Verónica Campos y al apoyo logístico del Ayuntamiento, mencionando especialmente la labor de Ricard y David (junto a Paqui, Jesi y Chus). Vila-rodona lo ha dejado claro: sus máquinas y quienes las pilotan son el motor que mantiene viva la tradición. El metal y el aceite son los únicos mensajeros de la magia cada 5 de enero.

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