El Garaje Clásico de Mili

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Compartir la pasión por los coches clásicos como forma de vida, además de también convertirla en nuestro medio de subsistencia, aplicándolo también a otro hobbies, podría ser una utopía, pero tanto si la vida te da la oportunidad o uno mismo tiene que buscarla, cuando llega el momento -como alguien dijo-, la suerte suele aparecérsele a las mentes trabajadoras.

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En la ciudad de El Paso, municipio de la isla canaria de la Palma, hace más de 70 años, tres niños juegan a ser hombres intentando emular a sus padres y ser tan buenos como ellos conduciendo unas máquinas, con las cuales gestionaban el oficio y sustento familiar. José “Palmita”, Francisco “Kiko” y Mili, eran esos niños.

Pasado el tiempo, sin desfallecer en el intento consiguieron de alguna forma estar relacionados con el negocio, superando sus expectativas. Lamentablemente ya ni José ni Kiko pueden recrearnos aquellos tiempos, pero Mili amablemente nos detalla un poco de la historia de su afición a los coches y mostrarnos su espectacular garaje.

Miguel Lorenzo Rodríguez, al que todos conocen por Mili (casi obvia responder por su nombre de pila), nos cuenta la manera en que su padre Don Miguel, conocido como “el Chófer”, fue uno de los pioneros de la conducción y mantenimiento de los mismos, cuando muy pocos tenían licencia autorizada. Los comienzos fueron manejando coches de otras personas, pero su plan era tener su propio automóvil, y con el tiempo así fue, consiguiendo una pequeña flota e incluso una guagua Hudson de las llamadas jardineras, que en verano hacia el servicio de El Paso a Puerto Naos, siendo de los pioneros de la isla dedicado al alquiler de coches con chófer. Más tarde, a comienzo de los años 60, el Ayuntamiento exigiría a todo ese tipo de servicios, pasar a denominarse ‘taxis’ y ser servicio público. Cuando había que poner penitencia a alguna de las travesuras de Mili, su padre lo castigaba mandándolo a lavar algún coche, lo que él no sabía, era que realmente le daba un premio. Su padre murió cuando Mili tenía 17 años, y jamás se le paso por la cabeza deshacerse de lo que tanto trabajo le había costado a su progenitor, así que aprendió muy rápido todos los entresijos del negocio, continuando con la empresa, además de ir renovando y diversificando, adquiriendo incluso un taller de mecánica que aún sigue funcionando.

Después de esta introducción es hora de presentar algunos de los vehículos de esta soberbia colección, y empezamos por los más emblemáticos. El Dodge Brother Faetón 8 cil. de 1930, con volante a la derecha, como tantos otros que en su camino a Gran Bretaña se quedaron en Canarias, fue el primero que compró Don Miguel, costándole la fortuna de 12.000 pesetas, teniendo que ser avalado por su antiguo patrón. Se matriculó en 1931 y hace unos años se pintó y se tapizó respetando los colores originales. El motor milagrosamente sigue intacto arrancando al primer giro de llave, toda una rareza que pueden presumir de haber pertenecido a la misma familia por más de 90 años.

Fue elegido para ser utilizado por la escolta de Franco cuando visitó la isla en 1950. Querían perforar los guardalodos para introducir la asta de una bandera, Don Miguel se negó rotundamente a que lo hicieran, exigiendo además que su coche solo lo conducía él y, anecdóticamente y sin mayores consecuencias así fue, por lo que sale en fotos y documentales de la época.

Por orden de antigüedad pasamos a un Ford B Sedán de 4 cilindros con un motor mejorado respecto al “A”, con pocos años de fabricación y eclipsado debido al éxito del V8. Este también perteneció a su padre, fue vendido y más tarde recuperado. La restauración, aunque laboriosa, no fue tan difícil. Se logró recomponer el motor y conseguir una caja de cambios nueva, se saneó el óxido para pintarlo y se tapizó, es un modelo de 1932 matriculado en 1933, actualmente en perfecto estado.

Continuamos con uno de los iconos más populares de los años 30, sin duda es el Ford V8, todo un adelanto tecnológico presentado en 1932 reemplazando y opacando a sus predecesores.

Me comenta nuestro protagonista, que siempre le llamó la atención este modelo, ya que estaba abandonado en un solar en un estado deplorable. Llegó a un acuerdo con su propietario, y sin pensarlo dos veces decide remolcándolo inmediatamente, con el mismo coche en el que viajaba, de esto hace más 50 años. Allí en su garaje estuvo este Phaetón de 1935 más de una década sin poder dedicarle atención alguna. Cuando pudo empezar el proyecto de restauración, pasarían casi 10 años más, para dejarlo en su estado actual. Sus dos hijas que siempre han apoyado la pasión de su padre, y nos aclaran que en este caso fueron ellas mismas las que lijaron los guardalodos de este coche. En 1950, cuando las leyes prohibían cualquier tipo de importación de vehículos, Don Miguel -en contacto con unos paisanos que retornaban de Cuba- pudo burlar esas restricciones, haciendo que ellos le trajeran un flamante Chrysler Winsor deLuxe Sedán del mismo año. Una vez aquí y traspasado a su nombre no hubo manera de poderlo matricular, los coches importados para particulares (y mucho menos los americanos) no tenía gestión, salvo alguna excepción de gerifaltes comprometidos con la dictadura de la época, o que entraran por Ceuta o Melilla. Estuvo rodando 9 años con matrícula cubana, hasta que se pudo registrar con placa de Ceuta, que actualmente es la que conserva .

Ese coche parecía de otro planeta, solo se podía ver algo parecido en alguna película, el propio haiga rompe cuellos; un monstruo de 5,3 m de largo por 2,1 m de ancho, semiautomático (Prestomatic de 4 velocidades) salpicadero acolchado, tapizado de cuero, radio, cómodos asientos para 6 personas, parabrisas trasero envolvente de 3 cristales y demás lujos, estuvo algunos años de taxi y más tarde como el coche familiar.Su conservación actual es asombrosa pues siempre estuvo en garaje, mostrando el esplendor en cuanto a ingeniería y diseño de la automoción de la época.

Los seguientes vehículos son ya de décadas posteriores, ya que el joven Mili, al poco de hacerse con el negocio familiar tenía ideas nuevas. Comenzaban los años 60 y había que renovarse, empezando por la adquisición de nuevos 

vehículos. Aún conserva el totalmente restaurado Opel Kapitan de 1956 y el Mercedes-Benz Pontón 220 de 1955 (últimos que se unieron a la flota), pero los tiempos cambiaban muy rápido. Años más tarde y después de algunos cambios de actividades incluida la emigración, llega a ser propietario de un taller, lo que le dio la gran oportunidad de incrementar su parque clásico, restaurando en sus ratos libres los retos mecánicos que llegaban a su taller.

Su primer coche de uso particular fue un Innocenti 950 Spyder, rara avis fabricado bajo licencia en la factoría Fiat. En los 70 adquirió un MG-B, que más de una vez uso en competición rivalizando con algún amigo, como también el Jaguar E-Type 4.2 (zapatilla) matriculado en 1967, solo repintado en su color original. La pick-up Peugeot de 1961 fue un reto (o más bien 

un antojo) restaurarla, pues estaba en muy mal estado general, pero siempre la asociaba con los buenos recuerdos de otro vehículo que tuvo anteriormente, como también otra, totalmente restaurada en versión ranchera de 1958.

Más tarde, a mediados de los 80 vendría el VW Buggy adquirido para el disfrute familiar, un regalo a sus hijas al cumplir la mayoría de edad; aunque quedan muchos más coches por mencionar y muchos más proyectos interesantes de restauración de los cuales Mili -a sus 80 años-, no duda en llevarlos a cabo más adelante, ya que hasta la fecha sigue teniendo la misma ilusión y mantiene los recuerdos de los amigos con los que compartió afición. También vemos por su garaje un Gordini matriculado en 1970, el cual su buen amigo Julín rescató a tiempo, entregándoselo para restaurarlo.

Se quedan muchos más vehículos por citar, en un enorme garaje lleno de sueños cumplidos y otros por realizar. Para finalizar, dar las gracias a Don Miguel y a su familia, que amablemente nos enseñan un cúmulo de recuerdos y toda una vida dedicada a los clásicos. Como detalle, observamos que su coche de uso diario en un Mercedes-Benz 300D W123 de 1979, el cual conserva impecable desde hace muchos años.

Texto y fotos: Lorenzo Suárez Dorta

 

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