Colombres, donde la pasión sigue rugiendo

Cada vez que llega octubre, hay una cita que ningún amante de las motos clásicas quiere perderse: el Rally Internacional de Motos Clásicas de Colombres. Muchos llevamos años viniendo, y sin embargo, cada edición logra sorprendernos. No sé si será por el encanto de este rincón asturiano, por el ambiente único que se respira o por la impecable organización del Moto Club Indianos.
Desde el primer día se nota la emoción. Llegar al pueblo y encontrarse con motos que vienen de media Europa —de Reino Unido, Francia, Holanda, Alemania e incluso Australia— ya es todo un espectáculo. Los saludos entre viejos amigos, las fotos junto a esas máquinas que son verdaderas joyas sobre ruedas...
Cada mañana comienza con la salida desde la plaza, un momento mágico. Escuchar los motores arrancar mientras el sol asoma sobre los Picos de Europa... Las rutas están cuidadas al detalle: carreteras sinuosas, paisajes que parecen sacados de una postal y paradas donde la comida sabe mejor que nunca. No importa si haces 120 o 300 kilómetros, lo que se siente es pura libertad. La organización merece un diez. Todo está pensado para que disfrutemos sin preocupaciones: rutómetro, asistencia, taller, señalización impecable y un equipo que siempre está pendiente de todos.
Lo más especial de Colombres es el espíritu que se respira. Aquí no hay rivalidad, hay compañerismo. Da igual la marca o el año de tu moto; lo importante es compartir la afición y las ganas de disfrutar. Si alguien tiene una avería, enseguida aparecen manos amigas.
El jueves por la noche llega una de las citas más entrañables: la cena de hermandad. Es el momento de verse sin casco ni guantes, de poner cara a quienes saludas en la ruta y brindar por otra edición más. Cada año surgen nuevas amistades y se fortalecen las de siempre. Porque Colombres no es solo un evento, es una gran familia.

El viernes llega el reto de las “300 millas”, la prueba que separa a los valientes de los muy valientes. Un desafío que pone a prueba tanto la resistencia del piloto como la fiabilidad de la moto. Durante el fin de semana, el pueblo entero se trans- forma en un museo viviente de la moto clásica. Las calles se llenan de visitantes, familias y curiosos.
El domingo, entre despedidas y abrazos, todos hacemos el mismo juramento: “el año que viene volvemos”. Porque lo que se vive aquí va más allá de lo motero. Colombres es alegría, camaradería, emoción y gratitud. Es volver a casa con la mente llena de paisajes, el corazón cargado de buenos momentos y la sonrisa de quien ha sido feliz haciendo lo que más le gusta.

Si tienes una moto clásica y aún no has vivido esta experiencia, no lo pienses más. Ven y déjate contagiar por el “Espíritu de Colombres”. Recuerda que estás en manos de Moto Club Indianos, quienes no solo organizan tres Rallies anuales, sino que, además, ofrecen un fin de semana de competición con una subida en cuesta, la Unqura-Colombres y un Motocross clásico. Este año nos han sorprendido a todos trayendo como piloto de honor nada más y nada menos que al 15 veces campeón del mundo Giacomo Agostini. Así pues, no dudes que la organización estará a la altura de tusexpectativas.
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